La tomo

Frente a mi, se insinúa. Desde la primera caricia, más algún soplo de viento que llega como brisa, voy desprendiendo los tules que la cubren.

Ya está desnuda. Recorro en delicados y lineales mordiscos sus suaves lomas, sus cuevas, sus pozos. Su olor a fruta madura, surgido, flota excitante. El Sol de la mañana colabora con oblicuos roces, que calientan su piel.

Lo percibo. Abierta y provocativa, exige lluvia que para ella segrego sumiso, besándola toda, en regadío de pasión.

Inclinado sobre ella, mis manos con gestos ancestrales abren el camino y en el mantenido abrazo, deposito en lentos y rítmicos movimientos, el porvenir.

Como si fuera volcán, que lo es, estalla.

Como si fuera rio, que lo es, se derrama.

Como si fuera madre, que lo es, pare.

Es el amor con un ser sensual:

el huerto, la huerta.

Gustavo Duch

(*) En favor, con respeto, para L’Horta de València

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La tomo

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