Cuenta que como recolector de sal en las playas de Bali gana lo suficiente para la casa.
-Todos mis hijos van a la escuela -afirma orgulloso, mientras decanta el agua marina en troncos de bambú abiertos en dos.
-La pesca me permite traer comida fresca a diario. Cuando el mar se muestra generoso puedo vender en el mercado. Y ese día…, ese día pues no cosecho sal.
Un buen trato
