Revista Soycomocomo y Etselquemenges, septiembre 19
Siempre
está en el imaginario, aparece repetidamente en la literatura de
ficción y en el cine futurista; tarde o temprano, la alimentación
quedará reducida al banquete de los astronautas: con una o dos
pastillas mágicas al día tendremos suficiente para obtener todos
los nutrientes necesarios.
Claro
que para eso se necesita mucha ciencia y progreso; no es fácil
inventar un comprimido de estas características, pero tenemos un
ejército de multinacionales –lideradas por Bayer y DuPont–
trabajando decididamente por el bien de la humanidad. De momento, el
paso previo a la fabricación de las pastillas mágicas pasa por
trabajar –con fondos de la Fundación Gates, entre otros– en lo
que se denominan “los cultivos biofortificados”, es decir,
conseguir, a partir de tecnología genética u otras fórmulas,
aumentar el contenido de unos cuantos nutrientes en unos cuantos
cultivos seleccionados. Es una fotografía impactante: todo el
planeta hecho un único monocultivo tan nutritivo que, con una
monodieta globalizada, permitirá que todas y todos nos alimentemos
suficientemente. Saliveo.
El
marketing lleva tiempo presentando esta tecnología y es habitual
escuchar o leer acerca de las bondades del arroz dorado, la
superbanana o el maíz naranja para luchar contra las deficiencias
nutricionales en muchas zonas empobrecidas del planeta. El arroz
dorado, del que mucho se ha hablado pero que sigue sin salir de los
laboratorios, es un buen ejemplo de una mala estrategia. En Asia
–como cuenta el informe de Grain– la revolución verde en los
años setenta introdujo un puñado de variedades de arroz, cosa que
redujo a casi nada las más de 110.000 variedades de arroz que hasta
entonces se cultivaban; pero sobre todo modificó una dieta basada en
una multiplicidad de alimentos (mandioca, maíz, judías, batatas…)
a comer siempre y tres veces al día arroz, arroz y arroz. Esta es la
causa de sus deficiencias alimentarias: la homogeneización de la
dieta. Aunque a nadie se le escapa el porqué de las energías
puestas en la expansión de estos cultivos: siendo semillas
patentadas, los ingresos de sus “inventores” se han
superfortificado.
Vale
la pena no bajar la guardia, porque, aunque somos muchas las personas
que defendemos que una dieta variada, rica en verduras, frutas,
legumbres, nueces, algo de proteína animal y granos enteros es la
mejor forma de recibir los nutrientes necesarios, la globalización
hace que los sistemas alimentarios locales desaparezcan; y, sin ellos
ni la cultura que incorporan, se abren las puertas a estas falsas
soluciones tecnológicas.
Es decir, más que alimentos fortificados lo que hace falta es fortalecer los sistemas alimentarios locales.