La huerta de las disidencias en Radio3
El tomate no pregunta si es macho o hembra. Sus flores guardan los dos sexos. Y basta un soplo de viento para engendrar un porvenir. La calabaza es más complicada. Una flor es macho. Otra, hembra. Y entre ellas, un insecto hace de mensajero del amor.
El caracol lleva los dos sexos puestos. Como también lleva la casa a cuestas. Y cuando su concha llega a su tamaño justo, deja de crecer. Sabe lo que a nosotras tanto nos cuesta aprender.
En el panal, una madre única engendra multitudes. Y las multitudes se cuidan entre sí. Casa común. Vida común.
El cerezo entrega sus frutos a los mirlos y a las oropéndolas que ejercerán de sembradoras. Después el cerezo deja morir sus hojas. Sin pena, son su despensa para el invierno. No expolia. Devuelve.
La huerta no conoce una sola manera de amar. Ni una sola manera de nacer. Ni una sola manera de vivir.
Quizás lo cuir sea eso: desobedecer lo único, lo impuesto, lo normativo. Inventar otras formas de amar, de querernos, de sostener juntas la vida. De cuidar el cuerpo común.
En El Bosque Habitado, presentación del número 56 de la revista Soberanía Alimentaria. Un programa sobre lo cuir, la naturaleza y todas las formas de vida que se empeñan en demostrarnos que la diversidad no es una excepción: es la norma. Es la respuesta.
