Y hay que acudir corriendo
Pues se cae el porvenir
En cualquier selva del mundo
En cualquier calle
Silvio Rodríguez
Quiero visibilizarlo: más de 7.000 contenedores. ¿Cuántos alimentos, medicamentos y otras cuestiones básicas pueden transportar? Toneladas suficientes, seguro, para alimentar durante días o semanas a un buen número de personas. Porque leo que, repartidos en diferentes puertos del Caribe, están inmovilizados. Su destino es Cuba.
No es que un buque de guerra de los Estados Unidos impida que otros barcos hagan la ruta hasta la isla. Es más perverso. Dado que la mayoría de empresas que tienen que involucrarse en operaciones comerciales internacionales están, de una manera u otra, ligadas a negocios en Estados Unidos, el Gobierno genocida de este país simplemente impone sanciones sobre las empresas implicadas. Y rompiendo un eslabón, la cadena de operaciones se parte en dos. El miedo a quedarse sin negocio funciona muy bien.
De hecho, pocos días después de que el pasado 1 de mayo de 2026 Estados Unidos amplió su régimen sancionador, dos gigantes del sector naviero, la francesa CMA CGM y la alemana Hapag-Lloyd, suspendieron nuevas operaciones hacia y desde Cuba. Solo estas dos empresas afectan hasta al 60 % del volumen marítimo de Cuba. (Ya hemos denunciado en otras ocasiones que el transporte marítimo de contenedores es uno de los grandes eslabones invisibles del sistema alimentario global. Y es un eslabón muy concentrado. Las cinco mayores compañías navieras —entre ellas las dos mencionadas— controlan aproximadamente dos tercios de la capacidad mundial de transporte de contenedores.)
Entonces, una naviera francesa no tiene por qué recibir una orden de Francia que le prohíba navegar hasta Cuba. Pero si hacerlo puede poner en riesgo sus negocios en Estados Unidos, se lo pensará dos veces. Un banco alemán puede no tener ninguna ley alemana que le impida financiar una operación comercial con Cuba, pero si hacerlo puede comprometer sus relaciones con Estados Unidos, también se lo pensará. Una aseguradora europea puede no tener una norma europea que le prohíba asegurar un barco con destino a La Habana… pero si sabe que una determinada operación puede ponerla en conflicto con las sanciones estadounidenses, el resultado se parece mucho al de una prohibición directa.
La complejidad del sistema alimentario mundial tiene también esta derivada. Mientras permite el trasiego de soja para engordar cerdos que después, convertida en carne, se enviará a China (arruinando la Amazonía, a las y los pequeños productores y generando crisis climática) cuando al poder imperialista le interesa, puede quedar absolutamente bloqueado. Eso que llamamos globalización alimentaria es también una arquitectura global de subordinación.
El bloqueo sobre Cuba, intolerable y asesino, visibiliza la urgencia de recuperar soberanía alimentaria: por un lado, haciendo posible que el pequeño campesinado que se preocupa de alimentar a la población local pueda tomar sus propias decisiones y reducir la dependencia de cadenas que no controlamos; por otro, generando arquitecturas paralelas, construidas al margen de ella, capaces de resistir sus sanciones y sus chantajes. Inmunes e independientes de este «imperialismo alimentario».
Soberanía alimentaria también es construir vínculos locales, regionales, internacionales y solidarios suficientemente fuertes para que, si cualquier trumpista de turno decide cerrar un grifo, eso no nos afecte. Las redes populares no lo necesitan.
Gustavo Duch, 6 de septiembre 2026
