Las manos de Elerre tenían una historia que dibujar y dibujó un cuerpo negro, alto y esbelto, en una postura particular. Era el elemento central, el nudo del relato.
El nudo que colgando de una viga, ahoga el cuello que asfixia los pulmones.
El nudo que sostiene el cuerpo sin vida de aquel ser humano que, en una celda de la prisión para migrantes, decidió su último viaje.
Él se infringió la muerte pero fue la maldad de quienes gobiernan en Europa los que anudaron el nudo.
Un nudo en el estómago, de hambre.
Un nudo en el pecho, de lágrima.
Un nudo en la garganta, de estigma.
Un correr del nudo que llegó hasta el cuello pero fue Elerre quien al imaginarlo en una postura particular, como un espantapájaros, sin saberlo, le salvó la vida.
Prólogo de STOP, El cómic que salvó una vida
