La Fertilidad de la Tierra, Invierno 2019. Gustavo Duch
Isidro García nos lo contó en Benalauría, uno de esos pueblos blancos de cal y calientes de corcho que sobreviven amarrados a las montañas, en la Serranía de Ronda.
Ahora ya está jubilado, pero siempre que puede se acerca a la escuela del pueblo y desde la reja observa cómo se ejerce la que fue su profesión de maestro. Ya no son como él, profesores y profesoras nacidos en esos mismos pueblos o adoptados por ellos. De los casi dos mil enseñantes que hoy cubren las plazas de la Serranía, casi dos mil van cada día desde la ciudad más próxima al trabajo y vuelven cada día del trabajo a la ciudad.
— Estaban los niños haciendo clase de gimnasia en el patio, en el mes de junio, a más de 37 grados cuando, por fin — dice Isidro — el profesor comprendió que había hecho una mala propuesta. Y les dijo, “descansad a la sombra de ese olivo”. Después de esa instrucción imperativa vi cómo uno de los zagarillos se acercó al profesor diciéndole educadamente, “vale maestro pero ese olivo es un sauce llorón”.
