BAUTIZOS, del libro MUCHA GENTE PEQUEÑA, para la campaña STOP MONSTER BOATS
Se cumplían diez años del desastre del petrolero frente a sus costas, y Antonio, de la Fundación Lonxanet en Galicia, abrió un cuaderno desgastado por el vendaval, las olas y el salitre.
En la página de la izquierda llevaba un registro: “Beatriz”, “Nueva Pilar”, “San Pedro”, “Virxe do Carmen”, “Bruma” o “Estrella de Mar”. En la página opuesta tenía anotados: “Titanic”, “Poseidón”, “Polycommander” o “Prestige”.
―Los pescadores artesanales ─explica─ con pintura blanca bautizan a sus barcos con el nombre de la amada para viajar bien acompañados; con nombres de santos o virgencitas a quienes les ruegan prodigios que les permitan volver; o, con nombres de los dominios Azules en señal de máximo respeto.
―En cambio ―continua― en la flota de la pesca industrial, que sale a la Mar para lucrarse sin poner mesura, es la arrogancia y la prepotencia quienes hacen de padrinos. Nombres desafiantes, de Dioses soberbios, para máquinas a las que mueve el poder.
En el puerto, Antonio señala uno de los más pequeños barcos de pesca en rítmico balanceo, ─es el “Dichoso”, que no precisa ser grande ni titánico para sentirse orgulloso.